El lugar que queremos crear

 Todo comienza por un sueño. Una imagen en la cabeza, algo que viste alguna vez y que no pudiste dejar de pensar. Eventualmente decides que puedes. No imaginas cómo seguir sin intentarlo. El sueño se ve tan claro que la pregunta es obvia,

¿qué podría salir mal?

Más de lo que imaginas. Menos de lo que temes.



Por Daniel Dobbs

Lo que ocurre después es bastante similar en la mayoría de los emprendimientos. El sueño empieza a chocar con la realidad. Aquello que tanto amas no todos lo aman de la misma manera. Eso que imaginaste podía cambiar la vida de todos no impacta como esperabas, o no a todos los que esperabas. Mientras más te esfuerzas, más valoras lo que construiste y menos entiendes porque los otros no lo valoran de la misma manera. Ese fue mi primer golpe. Acción era todo para mí. No entendía por qué no era todo para los demás.

Y eso es solo el comienzo.

Después viene el dinero. O más precisamente, la falta de él. Nadie empieza un emprendimiento queriendo volverse rico, menos queriendo volverse pobre, pero es la realidad de muchos. Una y otra vez vuelves a inyectarle recursos creyendo que esta vez sí. Recuerdo una Navidad donde la caja estaba vacía. No fui a la cena familiar. Me quedé solo, sintiéndome un fracaso. No era el emprendedor que soñé ser. Era alguien que no podía celebrar con su familia porque el negocio lo estaba consumiendo. Y nadie lo sabía. Eso también es parte del proceso: el peso de cargarlo solo.

Construyes un equipo parte lleno esperanza. Personas que quieren acompañarte en el camino. Pero con el tiempo las motivaciones cambian. Recuerdo tener que despedir a alguien que me ayudó a construir Acción desde el principio. Llevábamos más de un año intentándolo. No funcionó. Fue una de las conversaciones más duras que tuve. No porque fuera un mal momento, sino porque era el cierre de algo que había significado mucho. Pero también, con el tiempo, aprendí que no todas las personas están destinadas a acompañarte en cada etapa. Y eso no es un fracaso. Es parte del camino.

Aunque en ese momento no lo veía con tanta claridad.

Luego las obligaciones no paran. Impuestos, sueldos, proveedores. Todos tienen su lugar en la fila. Pareciera que todos importan más que tu. Recuerdo noches solo después de que todos se habían ido, pensando cómo sacar esto adelante. Sin respuestas claras. Solo con la certeza de que al día siguiente había que seguir. Me sentía el último de la fila, el que menos importaba dentro de todas las obligaciones. Siempre todos estaban antes que mi.

Pero nunca perdí el foco. No sé exactamente por qué. Tuve golpes, tuve momentos de duda, tuve noches difíciles. Pero algo en mí siempre supo hacia dónde quería ir. Eso no lo aprendí solo.

En algún momento apareció un mentor. Alguien que me mostró una manera distinta de ver lo que estaba construyendo. Y lo que aprendí con él no fue solo sobre el negocio. Fue sobre las personas. Sobre cómo acompañar a otros en su proceso, cómo generar compromiso, cómo ayudar a alguien a encontrar el camino cuando lo tiene enfrente pero no lo ve. Lo aprendí primero en el coaching de fitness, comprometiendo personas con su salud. Y después entendí que tenía herramientas para hacer lo mismo con emprendedores.

Lo que había vivido, los golpes, los aprendizajes, el apoyo recibido, me había dado algo que no sabía que tenía.

Hoy trabajo con emprendedores que están viviendo lo que yo viví. No con los que quieren armar startups o grandes corporaciones. Con el que está metido en su oficio, el que quiere construir algo que ama, el que tiene un sueño claro pero siente que la realidad se lo va comiendo de a poco. Quiero ayudarlos a navegar ese camino sin tener que pagar todos los precios que se pueden evitar.

Porque el emprendimiento no tiene que ser sinónimo de sufrimiento. Pero tampoco es fácil. Y la diferencia entre los que lo logran y los que no casi nunca tiene que ver con el talento o el producto. Tiene que ver con tener claridad, con no perder el foco, con encontrar a alguien que te ayude a ver lo que tú solo no puedes ver. (you can't read the label from inside of the jar)

Acción hoy es un espacio que sigo construyendo con cariño. Ya decidí que no quiero convertirlo en una gran corporación. Quiero conocer a mis alumnos, conocer a mi equipo, estar ahí con ellos. Y también quiero tener tiempo para mí, para mi familia, para disfrutar de lo que construí. Ese es el tipo de emprendimiento que quiero ayudar a otros a lograr.

No construir una multinacional. Construir algo que impacte tu vida y la de los demás. Que sea como lo que soñaste. Que te permita vivir la vida que quieres.

Quiero ayudarte a cumplir ese sueño.

Ese en la actualidad es mi sueño.

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