El tamaño si importa y no quiero ser un elefante
Cuando comencé a emprender quería crecer. No por avaricia, no se trataba de hacerme millonario. Se trataba de construir algo que se mantuviera en el tiempo. Y en mi cabeza, algo que se mantiene en el tiempo es algo grande. Había que crecer. ¿Por qué? Porque sí. Porque así se hace. Porque nadie lo cuestiona. Y crecimos. Una sucursal con más de mil alumnos. Otra con más de cuatrocientos en una zona que supuestamente no era "de altos ingresos". Una tercera que con el estallido social de por medio y pocos meses de apertura llegó cerca de los trescientos. Cada vez que cuento esos números en los círculos de CrossFit, la cara de la gente es de asombro. Eso, creíamos, era el éxito. Estábamos construyendo un elefante. Un elefante es robusto en su día a día. Enorme, pesado, ningún depredador común puede moverlo. Pero esa misma escala lo vuelve frágil ante lo imprevisto. Un paso en falso y su propio peso se convierte en su peor enemigo. Después de cuatro o cinco meses de pandemia, enc...