El miedo a las lesiones

 Cualquiera que lleve muchos años metido en el mundo de la actividad física y el deporte sabe que, eventualmente, se tendrá que enfrentar a una lesión. Lamentablemente es parte del proceso y, aunque queramos minimizar su existencia, es una realidad latente en cada entrenamiento. Porque lo cierto es que no existe el entrenamiento 100% seguro. O como dice nuestro querido Greg Glassman: “muéstrame un entrenamiento 100% seguro y te mostraré un entrenamiento que no da resultados.”

Por Daniel Dobbs




Toda decisión de entrenamiento tiene incorporado un nivel de riesgo y, como entrenadores, buscamos constantemente un equilibrio entre riesgo y beneficio. Pero seamos honestos: existen muchas variables que influyen a la hora de analizar una lesión que simplemente no podemos controlar. Esto nos lleva a la primera gran pregunta.

¿Por qué suceden las lesiones?

Es muy común encontrarse con quienes achacan el 100% de la culpa a la “forma”. Que una sentadilla “mal hecha” sería la principal razón por la que aparecen las lesiones. Y acá debemos ser rigurosos: la respuesta es depende. Nuestro cuerpo está diseñado para adaptarse a distintas formas de movimiento. Existen maneras más eficientes de moverse y formas de distribuir mejor las cargas, sin duda. Pero, al final del día, todo depende del tipo de entrenamiento, del contexto y del nivel de especialización de la persona.

Entonces surge la siguiente pregunta.

¿La forma no importa?

Sí, importa. Pero no es la única ni, muchas veces, la principal causa de una lesión. Las razones son múltiples: mal descanso, falta de hidratación, mala alimentación, no respetar volúmenes y tiempos de recuperación, exceso de uso de un patrón de movimiento, falta de adaptación progresiva, sobrecargas mal dosificadas, estrés, impacto, edad. La lista es larga. Algunas de estas variables podemos gestionarlas, otras simplemente son parte del proceso. Lo que funcionó en algún momento puede dejar de hacerlo, y el cuerpo va cambiando con el tiempo.

Entonces aparece la gran duda.

¿Qué hacemos? ¿Dejamos de entrenar?

Para nada. Volvemos al mismo concepto: riesgo versus beneficio. No entrenar o alejarnos del movimiento sabemos que trae consecuencias mucho más graves. El cuerpo optimiza aquello que usa y pierde aquello que deja de usar. Por eso es fundamental entender la dosificación del entrenamiento como un todo. Entrenar en exceso aumenta el riesgo, pero entrenar muy poco —o no entrenar— también.

Las lesiones son parte del camino. Y dejar de movernos nunca es la solución. La clave está en adaptar el proceso.

Acá quiero ser categórico: si te lesionas, no dejes de entrenar. Modifica el plan, pero no cambies el objetivo. Veo constantemente personas que se desmotivan porque ya no pueden entrenar “como les gustaría”. Eso también es parte del proceso. Aprender a atravesar las lesiones es lo que realmente nos vuelve resilientes.

Cada obstáculo, cada ajuste, cada adaptación construye a la persona en la que queremos convertirnos. Entrenar no es solo desarrollar capacidades físicas, también es consolidar nuestra adhesión al proceso. No es entretenido lesionarse, pero es un desafío más dentro del camino de mantenernos en movimiento.

Me duele cada vez que alguien me dice que dejó de entrenar porque se lesionó, o porque un médico le dijo que no podía hacer ese deporte. Qué horror de recomendación. Existe algo maravilloso llamado sobrecarga progresiva. Todo se puede adaptar. Todo se puede trabajar paso a paso. Nadie puede asegurar con un 100% de certeza qué va a pasar en el futuro si entrenas.

La próxima vez que enfrentes una lesión, conversa con tu coach. Ajusta el plan, no el objetivo. Tal vez sea el momento de enfocarte en movilidad, en trabajar esos movimientos que siempre postergas. Tal vez sea una oportunidad para bajar un cambio, reconectar con tu cuerpo y replantearte por qué estás entrenando y hacia dónde te está llevando ese ritmo.

Las lesiones van a ocurrir. Eso no lo podemos controlar.
Lo que sí podemos decidir es cómo las enfrentamos.

Y mi recomendación es clara: enfréntalas en movimiento.

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